¿Conoces a alguien con talento que no ha logrado el éxito? 🤔​🤔​

¡Yo sí!  Y probablemente tú también. A lo largo de los años, he visto a personas con un don natural quedarse estancadas mientras otras, con menos habilidades innatas, alcanzaban grandes logros. ¿La diferencia? La disciplina y la constancia.

Esto también aplica el liderazgo. No basta con tener carisma o inteligencia para guiar un equipo. Se necesita compromiso, resiliencia y la capacidad de mejorar constantemente. Existen opiniones encontradas acerca de si el líder nace o se hace. Yo considero que un buen líder no nace se construye a través de hábitos aprendizaje y acción continua.

Disciplina VS Talento: ¿Cuál es la clave del éxito? 🏆

Es fácil admirar a quienes parecen haber nacido con un don especial: el niño prodigio que toca el piano sin esfuerzo, el atleta que sobresale de pequeño, el líder carismático que brilla en cualquier escenario. Pero si observamos más de cerca, descubriremos que el verdadero éxito rara vez depende solo del talento. Lo que realmente marca la diferencia es la disciplina y la persistencia (una de las fortalezas de las que les hablaré en otro momento).

La ciencia detrás del éxito: estudios que lo demuestran.

Un estudio emblemático que ilustra la importancia de la disciplina en el éxito es la Prueba de malvavisco de Stanford, conducida por el psicólogo Walter Mischel en la década de 1960. En este experimento se ofreció a niños de 4 años la opción de comer un malvavisco inmediatamente o esperar 15 minutos para recibir dos. Los resultados a largo plazo revelaron que aquellos que lograron esperar tendieron a tener mejores desempeños académicos y habilidades sociales en su vida adulta. Este estudio subraya que la capacidad de retrasar la gratificación, una manifestación de la disciplina y autocontrol, puede ser un indicador más significativo del éxito futuro que el talento innato.

Además, el concepto de “práctica deliberada” acuñado por el psicólogo K. Anders Ericsson, enfatiza que la excelencia en cualquier campo no es simplemente el resultado de un talento innato; sino de una práctica intencional y estructurada. Erickson sugirió que se requieren aproximadamente 10.000 horas de práctica deliberada para alcanzar un nivel de maestría en una disciplina.

Por otro lado, la psicóloga Carol Dweck introdujo los conceptos de “mentalidad fija” y “mentalidad de crecimiento”. Según Dweck, las personas con una mentalidad de crecimiento creen que sus habilidades pueden desarrollarse mediante el esfuerzo y la dedicación, lo que las lleva a perseverar frente a los desafíos y, en última instancia, a alcanzar mayores logros.

El verdadero poder de la disciplina en el liderazgo.

La disciplina no solo te ayuda a mejorar tus habilidades, sino que también moldea tu carácter. A medida que desarrollas hábitos consistentes, entrenas tu mente para enfrentar desafíos con resiliencia. Eso significa que cuando los demás se rinden, tú sigues avanzando.

En el liderazgo esto es crucial. No importa cuán talentoso/a seas si no eres constante en tu desarrollo y acción, perderás credibilidad y capacidad de influencia. Los mejores líderes son aquellos que trabajan diariamente en su crecimiento y en el de su equipo.

El talento puede abrirte puertas; pero la disciplina es la que te permite cruzarlas. Para profundizar en este tema, te recomiendo ver la conversación entre Yokoi Kenji y Marco Antonio Regil titulada “Disciplina VS Talento: ¿Cuál GANA?”, donde analizan la importancia de ambos factores en la consecución del éxito.

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